Después de un montón de tiempo sin atender mi blog, por motivos ajenos a mi voluntad (tampoco es que tuviese mucho o importante que decir).
Vuelvo para saludaros y para dedicar unas palabras a un ser entrañable que entro en mi vida hacer cinco años, y el viernes se graduó de infantil para este nuevo curso, entrar en primaria.
Me refiero a mi pequeño Jeray, un niño que inundo mi casa y mi alma en uno de los momentos mas dificiles de mi vida, acababa de perder a mi padre de una larga y dura enfermedad.
Cuando llegaste tu a mi vida, iluminando mi destino y sacandome de donde no quería estar,
llegaste para llenarme de alegría y miedos.
Alegrías que me das todos los días y miedos que poco a poco vamos superando.
Te cuento aquí, aunque tu lo explicas mucho mejor que naciste con el corazón malito y te lo tuvon que reparar, y aunque te ha quedado una cicatriz de guerra que no te gusta mucho,
es la que nos hace recordar todos los días, que la pesadilla ha terminado.
Y para no ponernos tristongos, tengo ganas de decirte que el viernes cuando te vi hay subido con tu capa y tu birrete dejando infantil detrás para este año ir ya al cole de los mayores,
me llenaste de una emoción infinita mirando tu carita de felicidad al lado de tus seños y tus compañeros.
Ahora que y estas aprendiendo a leer estoy deseando que te sientes delante del ordenador a leer esto que ya te digo , sino todos, casi todos los días :
que eres muy importante en mi vida y que nunca llegaras a comprender el bien que me haces y la vidilla que me das. Agradezco a Dios todos los días que te pusiera en mi camino





